lunes, 21 de marzo de 2011

Odio la fragilidad que siempre intento esconder, odio ser susceptiblea ti... a él, pero lo que más odio es sentir un nudo en la garganta que no desaparece. Sentir como mis lágrimas ácidas carcomen mi corazón, mi páncreas, mi hígado y hasta mis ovarios.

Odio que la más mínima partícula de amor en el aire me conmueva hasta sentir esperanzas... con lo inútiles que son. Odio a todos y a todo en este instante porque me odio por momentos y después me arrepiento [pero entiendo que solo se odia lo que se ama].

Odio escribir y odio no hacerlo, me estreso con el solo hecho de pensar que a nadie le importa o que prestan demaciada atención y no es de su incumbencia.

Odio ser psicóloga cuando necesito ser paciente. Atender llamadas, enjugar lágrimas, consolar corazones, despejar dudas, dar confianza, infundir ánimos... odio esos excelentes consejos que doy a los demás y me son imposibles de seguir.

Odio atreverme y odio acobardarme [de igual modo salgo perdiendo], odio el rechazo y odio la aceptación, simplemente tengo demaciadas cosas que odiar y demaciado odio que repartir...

Odio que me ames y odio que él no lo haga [y sé que odiaría si tú no me amaras al igual que si él dejara de ignorarme]. Odio mis hormonas que me hacen tan sensible y tan estúpidamente llorona y odio cuando soy insensible y nada me conmueve...

Simplemente hoy es uno de esos días en los que odio todo por el simple hecho de no tener nada más que hacer, uno de esos en los que los recuerdos me sofocan y mi madre me regaña... un día en el que tengo sueño y no puedo dormir... uno de esos días que tanto odio.

No hay comentarios:

Publicar un comentario