lunes, 21 de marzo de 2011

Odio la fragilidad que siempre intento esconder, odio ser susceptiblea ti... a él, pero lo que más odio es sentir un nudo en la garganta que no desaparece. Sentir como mis lágrimas ácidas carcomen mi corazón, mi páncreas, mi hígado y hasta mis ovarios.

Odio que la más mínima partícula de amor en el aire me conmueva hasta sentir esperanzas... con lo inútiles que son. Odio a todos y a todo en este instante porque me odio por momentos y después me arrepiento [pero entiendo que solo se odia lo que se ama].

Odio escribir y odio no hacerlo, me estreso con el solo hecho de pensar que a nadie le importa o que prestan demaciada atención y no es de su incumbencia.

Odio ser psicóloga cuando necesito ser paciente. Atender llamadas, enjugar lágrimas, consolar corazones, despejar dudas, dar confianza, infundir ánimos... odio esos excelentes consejos que doy a los demás y me son imposibles de seguir.

Odio atreverme y odio acobardarme [de igual modo salgo perdiendo], odio el rechazo y odio la aceptación, simplemente tengo demaciadas cosas que odiar y demaciado odio que repartir...

Odio que me ames y odio que él no lo haga [y sé que odiaría si tú no me amaras al igual que si él dejara de ignorarme]. Odio mis hormonas que me hacen tan sensible y tan estúpidamente llorona y odio cuando soy insensible y nada me conmueve...

Simplemente hoy es uno de esos días en los que odio todo por el simple hecho de no tener nada más que hacer, uno de esos en los que los recuerdos me sofocan y mi madre me regaña... un día en el que tengo sueño y no puedo dormir... uno de esos días que tanto odio.

domingo, 6 de marzo de 2011

Divagaciones a las 5 am

Mientras el mundo duerme y las maquiladoras tocan su hora de entrada, mientras los gallos cantan a lo lejos y el tren de la madrugada resuena cerca de mi casa, mientras el mundo sigue su marcha y la tierra rota a 465 metros por segundo yo desperdicio las horas de descanso que mi cerebro requiere. Escribo. Leo. Desperdicio vida... para luego sentirme mal por no poderme levantar temprano nunca.

Es casi hilarante que mi vida tienda a pasarla despierta de noche [con lo mucho que me gusta observar el cielo azul cuando se encuentra rodeado de nubes] pensando en los hubieras y en el futuro que nunca llega como imagino, desechando mis culpas, creyendo en el amor imposible que al final termina por parecerme nefasto y demaciado corto... nisiquiera en mis pensamientos dura demaciado o suficiente.

Y al final de todo lo que concluyo es que mi vida debiera trasladarla a Australia para acomodar mi horario... tal vez mi antipoda tiene el mismo problema de vigilia que me acosa.