Mientras el mundo duerme y las maquiladoras tocan su hora de entrada, mientras los gallos cantan a lo lejos y el tren de la madrugada resuena cerca de mi casa, mientras el mundo sigue su marcha y la tierra rota a 465 metros por segundo yo desperdicio las horas de descanso que mi cerebro requiere. Escribo. Leo. Desperdicio vida... para luego sentirme mal por no poderme levantar temprano nunca.
Es casi hilarante que mi vida tienda a pasarla despierta de noche [con lo mucho que me gusta observar el cielo azul cuando se encuentra rodeado de nubes] pensando en los hubieras y en el futuro que nunca llega como imagino, desechando mis culpas, creyendo en el amor imposible que al final termina por parecerme nefasto y demaciado corto... nisiquiera en mis pensamientos dura demaciado o suficiente.
Y al final de todo lo que concluyo es que mi vida debiera trasladarla a Australia para acomodar mi horario... tal vez mi antipoda tiene el mismo problema de vigilia que me acosa.
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